Karate Infantil

Karate Infantil

(niños entre 6 y 12 años aprox)

El karate en la edad infantil es un excelente instrumento de educación. Aporta infinidad de beneficios no solo físicos, que son evidentes, en un periodo de sus vidas en el que el sedentarismo propiciado por los nuevos métodos de ocio, todos ellos electrónicos, y muchas veces también los malos hábitos alimenticios, hacen que muchos niños tengan problemas de obesidad y torpeza psicomotriz.

El ejercicio físico equilibrado de los dos lados del cuerpo, la independencia motora de actuación entre las distintas partes del cuerpo, la resistencia, la mejora en el tiempo de reacción, el cultivo de la memoria, la mejora en la psicomotricidad básica, etc, son mejoras demostrables con la práctica de karate. Unas mejoras que no pasan por tener que ganar a otros.

Pero a pesar de que todos los beneficios anteriores son considerables, los más destacables son sobre todo internos y se manifiestan en los hábitos de comportamiento. La concentración y el debido aprecio al silencio, tan útiles para sus estudios y para su posterior vida adulta. El cultivo de valores como la educación, el compañerismo y sobre todo el respeto. La valoración de que el trabajo y la perseverancia nos trae los mayores beneficios posibles. O la mejora en aspectos como el autocontrol, la autoestima y la seguridad en sí mismo. Además de un seguro encauzamiento en lo relativo a una muchas veces mal entendida hiperactividad.

Es importante también introducir en los niños una percepción NO competitiva del karate ni del mundo que les rodea. La competición solo trae disgustos para la mayoría, pues de muchos solo puede ganar uno, y el resto pasa a considerarse fracasado. El mundo no debe ser competitivo y esa noción es fundamental que llegue a los niños, para contrarrestar la información que en sentido contrario que nos llega desde los medios de comunicación.

Dar patadas y puñetazos es algo relativamente fácil de aprender. Aprender a que es infinitamente mejor no llegar a darlos es algo más complejo y que requiere quizás un poco más de tiempo, pero los beneficios personales y sociales que se obtienen son infinitamente más valiosos para todos.

Y todo ello se debe de hacer en un entorno lúdico en el que el niño se lo pase bien y se divierta y llegue a todo ello no a través de la imposición de una dura educación y un estricto educador, sino de la convicción de que seguir unas normas de convivencia y aprendizaje en las que nadie salga perjudicado es el mejor camino para todos.

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