El mensaje de la diosa

“En la imagen de la Diosa Madre las mujeres de tiempos antiguos encontraron el reflejo de su propia naturaleza femenina más profunda… Hoy en día el antiguo principio femenino está reafirmando su poder. Formado por el sufrimiento e infelicidad provocados por no hacer caso de los valores del Eros, los hombres y mujeres se vuelven otra vez hacia la Madre Luna, aunque no por medio de un culto religioso, ni siquiera por un conocimiento de lo que hacen, sino a través de un cambio en la actitud psicológica…, pues hoy se siente como una fuerza psicológica que surge del inconsciente y tiene poder para modelar los destinos de la humanidad”.

Esther Harding

Desde dentro, desde muy adentro, llega la sutil llamada de la Gran Diosa, una llamada cálida y serena, una llamada colmada de luz y de color, de pálidos rosas, de verde mar, de tenue dorado… suaves colores impregnados de una penetrante energía femenina de intenso amor.

Seguir su llamada es seguir nuestra propia naturaleza como mujer, armonizarnos con nuestro ritmo cíclico, en vínculo perpetuo con los ciclos de la vida y de la Madre Tierra.

Como mujer hemos de investigar en nuestro verdadero espíritu femenino, encontrar nuestra armoniosa esencia y expresarla a través de nuestros actos, de nuestras palabras, de nuestra mirada…

Para recorrer este camino tenemos a nuestro servicio múltiples herramientas y una de ellas se encuentra en los arquetipos de las diosas mitológicas. El poder de todas estas diosas reside en el corazón de cada mujer y conectar con este poder y desarrollar estos arquetipos internos, integrándolos y equilibrándolos, nos conduce al encuentro con nosotras mismas, al auto-conocimiento, y es así como aprendemos a vivir en sintonía con nuestro ser.

Al identificarnos con la figura de una diosa, despertamos en nuestro interior las cualidades que ésta expresa y manifestamos la necesidad de reconocer ese aspecto de lo divino en nuestro interior.

Artemisa es la diosa de la caza y de la luna. Personifica el espíritu femenino independiente, una  mujer segura y consciente de sí misma. Es el arquetipo que permite a una mujer lograr sus propias metas en el terreno que ella misma elija, la mujer que sabe cuidar perfectamente de sí misma.

Atenea es la diosa de la inteligencia, la sabia, la guerrera, la pragmática. Es el arquetipo de la mujer lógica, que sigue los dictados de su cabeza antes que de su corazón. Sus acciones no están determinadas por emociones o influidas por sus sentimientos sino que su inteligencia está orientada hacia lo práctico.

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Vesta representa la espiritualidad, el fuego del hogar, la que confería a éste integridad y totalidad. Encarna a la mujer focalizada hacia una visión interna. Sabia e intuitiva, sabe captar la esencia de cada situación, pues mira más allá de lo aparente. Es la mujer que disfruta de una soledad que le permite entregarse a la meditación, en conexión con las riquezas de su mundo interno.

Demeter es el prototipo de la madre, generadora de «leche y miel», amor, protección y sustento espiritual. No es sólo la madre biológica, sino también la espiritual, psicológica, etc… aunque cuando una mujer tiene activado este arquetipo necesita predominantemente tener hijos biológicos.

Perséfone está considerada una de las diosas más complejas, puesto que tiene dos caras arquetípicas, la niña, que conserva siempre su energía voluble y juvenil, y la reina del mundo subterráneo, capaz de hallar su sabiduría en los terrenos pedregosos del inconsciente y la más profunda intuición.

Hera es la diosa del matrimonio sagrado. Constituye el arquetipo de la esposa y de la reina, pues es la consorte del rey que ella misma promueve, para realizarse a través de él. Es la mujer que encuentra su fuerza complementando su energía con la de su pareja.

Afrodita es la diosa alquímica por excelencia, ya que sus experiencias son siempre transformadoras. Representa el amor en todas sus formas, desde el sentimiento puro e ideal hasta el deseo más lujurioso. Simboliza el deseo sexual como una de las fuerzas creadoras del universo, a la que todos los seres vivos, animales, hombres o dioses están sometidos.

¿Te reconoces en alguna de ellas?. Debemos recuperar esa sabiduría interna, conectar de nuevo con nuestro poder y nuestro conocimiento intuitivo. Si olvidamos que somos diferentes al hombre, si actuamos según su energía lineal en vez de seguir nuestra energía femenina, de carácter cíclico, perdemos nuestra auténtica experiencia de poder. Ambas energías se complementan, el yin y el yang se manifiesta en todo lo creado pero precisamente por ser complementarias, son diferentes. La esencia interna de la mujer es mágica, sanadora y sobre todo, profundamente creativa.

Hemos de aprender a manejarnos en la vida con nuestra verdadera luz. Cualquier acto, por muy cotidiano que sea, puede ser un acto de creación y una manifestación de la belleza, si lo realizamos siempre desde el corazón. Somos diosas…, diosas que van todos los días al trabajo, diosas que cuidan de sus familias, diosas que bailan, diosas que comparten, diosas que disfrutan del placer de la amistad.., y en ese descubrimiento, en ese nuevo recordar, encontramos el camino a seguir: el camino de la alegría y de estar en paz con nosotras mismas.

Por Helena Bejarano

Imágenes cortesía de Susan Farrell 

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